Formación docente: El debate que nos debemos

Formación docente: El debate que nos debemos

02 Junio 2018

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Por Diego Marías

Legislador Vamos Juntos, Miembro de la Comisión de Educación de la Legislatura.



La Legislatura porteña se encuentra debatiendo el proyecto de creación de la UniCABA, primera universidad en el ámbito de la Ciudad con enfoque excluyente en la formación de nuestros docentes.

La propuesta enviada por el Poder Ejecutivo ha sido en primer término un disparador necesario para poner sobre la mesa el cómo estamos formando a nuestros docentes en un mundo desafiante y de cambios tan vertiginosos como imprevisibles, donde los alumnos se piensan en una sociedad que les demandará conocimientos que los sistemas educativos deberán proporcionar de manera inexorable.

Debemos atender esta realidad. Y debemos hacerlo multidimensionalmente. Pensar que todo está bien y que nada debe cambiar es no entender la magnitud del desafío. Es esquilmarle a quienes eligieron vocacionalmente el ejercicio de la docencia, las herramientas que necesitarán para abordar un escenario, que hoy, nos guste o no, expone magros resultados y un sombrío horizonte si no asumimos que necesitamos evolucionar.

Estamos pensando en los docentes, formados para enseñar en las capacidades que demandarán los estudiantes que busquen los empleos y oficios del año 2030.

Concebida en este contexto, fundar una institución universitaria supone un gran desafío pues la institución debe hacerse lugar entre normativas y prácticas pensadas para otra agenda de problemas, y eso altera un equilibro de trabajo, desestabiliza el status quo de las relaciones educativas. Y convicción, pues demuestra que los funcionarios a cargo de las políticas públicas son conscientes de la tarea que les toca asumir, y decididos a avanzar.

El debate alrededor de la creación de la Unicaba ha abierto una compuerta de pasiones y declaraciones a viva voz, alterando el ánimo de docentes, directivos, funcionarios, académicos y curiosos. Hasta acá, comprensible y atendible. Sin embargo, no hemos logrado aún encausar esa energía exuberante en lo más trascedente que ofrece el debate: crear una institución universitaria que ayude a poner la tarea de la formación docente a la altura del desafío de la época.

Y al mismo tiempo, que este debate tan trascedente no desconozca, no cancele ni desmerezca lo hecho hasta acá. Se trata de ver cómo construimos un nuevo diseño institucional que comprenda a todos. Hablemos de complementariedad, de enriquecer y transformar lo que ya existe, en los casos donde se verifique esta necesidad. Nunca de fulminarlo.

Es momento de atemperar los ánimos, y sentarse en una mesa a diseñar el cómo y el para qué de una institución que, adecuadamente, será orgullo de los porteños por décadas.

 

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