México: La política en manos de la violencia

México: La política en manos de la violencia

28 Junio 2018

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Por Claudio Romero

Legislador porteño por Vamos Juntos

Observador electoral


Gane quien gane las elecciones presidenciales en México el próximo domingo tendrá una misión prioritaria que pondrá a prueba su vocación democrática pues exigirá con urgencia ponerle un freno a la violencia desatada en ese país, donde la competencia electoral se dirimió este año con la muerte de los adversarios antes que en las urnas.

Entre candidatos, asesores y custodios 129 personas perdieron la vida durante la campaña presidencial que termina en el país caribeño, azotado desde hace décadas por la violencia narcotraficante. Las muertes han sido por encargo a sicarios de dudoso origen durante la campaña presidencial.

Las desilusiones mexicanas, profundizadas por hechos de corrupción y una guerra contra el narcotráfico de vieja data, solo tienen la posibilidad de pasar a un plano más optimista si el 40% del electorado compuesto por el voto joven se dispone el próximo domingo a expresar una voluntad de cambio.

El país caribeño, el más importante de Centroamérica, estimula una nueva reflexión respecto de las consecuencias que deja la corrupción en sus sistemas políticos. Adoptar el método de la eliminación física de los adversarios electorales es un límite intolerable para la democracia.

Las opciones electorales mexicanas ofrecerán a la ciudadanía la continuidad del actual partido gobernante (PRI), su remplazo por una oposición con similares ribetes (PAN-PRD-Movimiento Ciudadano), o un cambio radical con el populista MORENA.

Cualquiera sea el triunfador en esta elección enlutecida no podrá eludir en su futura gestión el deseo de 88 millones de mexicanos de solucionar los conflictos que sofocan a su país desde hace décadas. La cuestión ni siquiera será ideológica, se tratará de iniciar un proceso de pacificación que reclamará la voluntad política de ganadores y derrotados.

Los observadores extranjeros atestiguarán la legitimidad de la elección y sus resultados pero esta elección presidencial será un hecho más que histórico: con él se instalará la piedra basal de un proceso de transformación, imprescindible para la sociedad mexicana.

La crisis de los partidos políticos y de las representatividades atraviesa a México y a la mayoría de las naciones. De la resolución de esa crisis depende la continuidad del sistema democrático y la responsabilidad de sostener la democracia es de la dirigencia política.

Varias naciones latinoamericanas arrastran el mismo problema y unas pocas han encontrado soluciones novedosas en la construcción de nuevos partidos políticos, como es el caso de Argentina. Sin embargo, el continente entero está asediado por otra crisis mayor: la corrupción que involucra a altas esferas políticas. El flagelo ya ha llevado a los estrados judiciales a decenas de los más altos funcionarios de esos gobiernos.

La corrupción no es un ejercicio inocente de la política ni se detiene en el robo de los erarios públicos. Ahora avanza peligrosamente sobre formas de la violencia que carecen de límites y, como en México, elimina candidatos a pocas horas de una elección presidencial con una impunidad que estremece.

 

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